Wednesday, September 30, 2009

Con amigos como estos

Una vez más, una historia que sucedió en nuestro querido tren Belgrano Norte, la Saeta Roja. Esta me la contó un pibe del que me hice amigos por unos días mientras hacía de Canadá en el modelo de la ONU, donde pasaba el tiempo salvando a niños refugiados inexistentes, mientras Panchito Infante se sentía de nuevo como en su casa.
Según me llegó, un pibe de 15 años se adentró cierto día en las oscuras vías de esta línea ferroviaria con destino al barrio de Munro, donde vivía un amigo suyo. Era pleno diciembre y el tren iba casi vacío. Subió a uno de los últimos vagones y miró para uno lado y para el otro. Nadie. Muy tranquilo, se sentó al lado de una ventana, sacó su reluciente iPod y se dedicó a disfrutar del viaje de la mano de Jefferson Airplane, para volar un poco y así llegar más rápido.
No mucho tiempo después, llegado el tren a la primera estación, miró hacia la puerta, buscando a alguien que tal vez subiese a hacerle compañía. Nadie, nadie… hasta que sonó el silbato que ponía el tren en marcha, y justo en ese preciso momento se asomó una figura por las escaleras de entrada.
Lo primero que notó fue algo totalmente matemático: un ángulo perfecto de 45 grados.
Sí, sí. Era una gorra.
Atenta como siempre sobre una cabeza que primero miró para un lado, y después para el otro; deteniéndose sus oscuros ojos en el lugar en el que se encontraba él. Tal vez haya sido su imaginación, pero le pareció que el sujeto esbozó una pequeña sonrisa, algo así como gracias Señor, por semejante caramelito.
Y qué más. Tranquilamente se sentó a su lado y miró por la ventana, por encima de él. Y sus ojos empezaron a bajar, hasta reposarse en la pantalla y ese genial circulito táctil que conforman un iPod de Apple™.
“Eeeehhhh… ta piola eso eh”
“Sí.”
“¿No me lo regalá?”
… Ya está. Adiós iPod.
Se quedo callado mirando por la ventana, tratando de que, tal vez, a través de su fuerza mental, desaparezca.
“Dame el aipo, flaco”.
La reconcha de tu madre. Magia de mierda. Se sacó los auriculares y le dio todo. Se quedó mirándolo esperando que el tipo se levantase y se fuera… pero no. Se había puesto a mirar el iPod, a apretar los botoncitos, muy cómodo en el asiento al lado del suyo. Finalmente se lo guardó en el bolsillo, y se quedó mirando para adelante.
La verga. Encima me va a secuestrar.
El chico hizo un ademán de levantarse, pero el rrocho lo miró muy fijo a los ojos.
No. Mejor no.
Entonces, de la nada, nuestro antihéroe adolescente empezó a hablar. Y vean lo que sucedió.

Antihéroe adolescente: Eh…
Chorro: (Mirándolo fijo) ¿Sí que pasa?
AA: ¿Vos…? (Calla, mira para otro lado)
C: ¿Qué pasa nene?
AA: ¿Hasta dónde vas?
C: Ingeniero Nogués. ¿Por?
AA: No… saber.
C: Vo vas hasta Munro ¿no?
AA: ( ! ) ¿Cómo sabes?
C: Y… es que no tené pinta de ir más lejos que allá.
AA: Ah…claro… y vos… ¿vivís…ahí en Ingeniero….?
C: Nogué. Se, se, con la vieja. Aunque a vece no duermo en casa, viteh.
AA: Sí, sí... Che… te hago una pregunta… ¿Hace cuanto salís así…. viste… a robar?
C: Eh pibe, que yo no robo. A mi de vez en cuando se me ocurre pedirle prestadas las cosas a la gente. Pero eso de robar a mi no me va…
AA: Ah, claro. Y desde cuando le pedís las cosas prestadas a la gente?
C: Y mira, a ver. (Mira para arriba y empieza a contar) Cuatro año. Es una bardo, pasa que en casa no hay plata papá, vó porque so un cheto. Pero en Nogués, si tené demasiada suerte laburá de barriendo con el viejo del almacén. Sino, o salí de caño o salí como yo. Mucho má no te queda. A mi viejo lo mataron asi que qué voy a laburar yo. Por suerte no me metí con el paco, que algunos giles se re dieron vuelta la cajeta y terminaron mal. E groso eso del paco. Te pone re manija la cosa, todo salen de caño después, los ratis los cagan a tiros. Yo con los chumbos prefiero no, total, que robar no es tan jodido.
AA: No, no, es verdad.
C: Ché que hambre. Me voy a comer una hamburguesa cuando llegue…
AA: …
C: …
AA: …
C: ¿Vo tené mas cobres no?
AA: … Sí.
C: Que hijo de puta… pasá. (AA saca 22 pesos del bolsillo y se los dá) Mira vo… te hacías el piola. Tabas forrado guachín, no querías compartir.

Para ese momento, el tren llegaba a Munro. El chorro miró el cartel y le dijo, ‘che acá te bajás vo’. Cuando el chico se iba le devolvió dos pesos, porque quería asegurarse de que el chico “tuviese plata para comprarse el boleto de vuelta”. Cuando se bajaba agregó:
“Perdoná por lo del aipo. La próxima vez que te vea te lo devuelvo”.

Tuesday, September 29, 2009

Poesía - 1

Hurt me again,

and feel the gentle warmth

of mine crimson blood

steadily flowing the trace

of such a perfect face.


Hurt me again,

thy wounds shall never heal,

for they cut deep into my skin,

and bleed my soul out.

Oh, hurt me no more love,

and forget what was done,

for we’ll know it is time,

when crying upon two hazy smiles

we face our last sunset,

and vanish into the bright light.

Hurt me no more,

forget me and murder my memory,

for I’d rather forsake your gentle touch,

than have blood for tears.

Tuesday, September 1, 2009

Guapeando en la esquina

Este pequeño relato me llegó de un familiar, supuestamente le sucedió a uno de sus amigos. No me hago cargo si parece mentira… y..les va a parecer.

Cuenta la historia que, cierto día, un pibe de clase media-alta volvía muy tarde desde el centro hasta su casa en Belgrano R en el tren Mitre, el ramal que va hasta José León Suárez. Ya estaba bastante adentrada la noche y el chico tenía mucho sueño, ya que lo habían esclavizado durante ocho horas seguidas en el trabajo nuevo que había conseguido hace apenas unos meses. El tren iba bastante vacío, porque era uno de los últimos que partían, así que se puso cómodo, apoyó la cabeza contra el vidrio y cerró los ojos…

Se despertó de golpe. Lo único que vio fue el tren, parado, oscuro y completamente vacío y al negrito que lo había despertado.

-“Ei, nene, ya llegamos”

-“¿Qué?...No… ¿Dónde estoy?”

-“José León Suárez papá. Última estación”-

Jose. León. Suárez. En el medio de la noche. Mejor llamo y me despido de mis familiares.

El negrito siguió. –“¿Y vos dónde te tenías que bajar?

-“En Belgrano”, respondió casi llorando.

-“Uuuhhhh, nene. Te van a matar.”

Se quedó mirándolo y dijo: -“Mirá loco, yo te voy a decir lo que tenés que hacer acá para sobrevivir. Salí de la estación, caminate unas cuadras y anda a ranchiar a una esquina.”

-“¿Qué?”

-“Eso nene. Si no querés que te maten, tenes que hacerte dueño de la esquina. Si no acá se te hacen los guapos y sos voleta. Así que pelá la camisa y clavate en una esquina. Ahí vas a estar seguro.”- Y ante la mirada incrédula del pibe le dijo: - “Algo tenes que hacer papá. Ya no salen más trenes. Vas a estar un ratito acá.-“

Se bajó del tren y antes de salir de la estación llamo desesperado a su viejo. “¡Papá, por favor, vení urgente a buscarme; estoy en la estación de trenes de José León Suárez de saco y corbata y tengo miedo de dejar de ser hombre!” Cortando el teléfono escuchó a su papá decir “qué hijo pelotudo que tengo”.

Bueno. Una hora en José León Suarez. No le quedaba otra. Salió de la estación y miró para los dos lados de la calle. Dos cuadras para cada lado se terminaba el alumbrado. Más allá, quien sabe.

No le quedaba otra. Caminó una cuadra y en la primera esquina vacía que encontró, se sacó todo hasta quedar en cuero. Y empezó a ranchiar.

Veía a la poca gente que pasaba haciéndose el piola, mirándolos con cara de malo. Cuando pasaba un grupito de pibes, chupando, miraba para otro lado.

Como media hora después, ya dominada la esquina, pasó un piola vago con la remera de Racing Club de Avellaneda. Ya más tranquilo, nuestro chico se animó y gritó: “¡Aguante la Academia!”. El vago se dio vuelta y le gritó “¡Eh loco, que te pasa?” Y lo empezó a correr.

Corriendo por su vida de un negro de José León Suárez, que lo quería matar por ser del mismo equipo que él, se dio cuenta que su vida era una mierda. De puro culo, vio aparecer en ese mismo momento, la camioneta negra de su papá doblando en una esquina y frenando en la puerta de la estación de trenes.

“¡Arrancá, arrancá!” le gritó a su viejo, mirando atrás mientras se subía, sin ver al negrito que lo perseguía.

Sí. Una vida de mierda.