Una vez más, una historia que sucedió en nuestro querido tren Belgrano Norte, la Saeta Roja. Esta me la contó un pibe del que me hice amigos por unos días mientras hacía de Canadá en el modelo de la ONU, donde pasaba el tiempo salvando a niños refugiados inexistentes, mientras Panchito Infante se sentía de nuevo como en su casa.
Según me llegó, un pibe de 15 años se adentró cierto día en las oscuras vías de esta línea ferroviaria con destino al barrio de Munro, donde vivía un amigo suyo. Era pleno diciembre y el tren iba casi vacío. Subió a uno de los últimos vagones y miró para uno lado y para el otro. Nadie. Muy tranquilo, se sentó al lado de una ventana, sacó su reluciente iPod y se dedicó a disfrutar del viaje de la mano de Jefferson Airplane, para volar un poco y así llegar más rápido.
No mucho tiempo después, llegado el tren a la primera estación, miró hacia la puerta, buscando a alguien que tal vez subiese a hacerle compañía. Nadie, nadie… hasta que sonó el silbato que ponía el tren en marcha, y justo en ese preciso momento se asomó una figura por las escaleras de entrada.
Lo primero que notó fue algo totalmente matemático: un ángulo perfecto de 45 grados.
Sí, sí. Era una gorra.
Atenta como siempre sobre una cabeza que primero miró para un lado, y después para el otro; deteniéndose sus oscuros ojos en el lugar en el que se encontraba él. Tal vez haya sido su imaginación, pero le pareció que el sujeto esbozó una pequeña sonrisa, algo así como gracias Señor, por semejante caramelito.
Y qué más. Tranquilamente se sentó a su lado y miró por la ventana, por encima de él. Y sus ojos empezaron a bajar, hasta reposarse en la pantalla y ese genial circulito táctil que conforman un iPod de Apple™.
“Eeeehhhh… ta piola eso eh”
“Sí.”
“¿No me lo regalá?”
… Ya está. Adiós iPod.
Se quedo callado mirando por la ventana, tratando de que, tal vez, a través de su fuerza mental, desaparezca.
“Dame el aipo, flaco”.
La reconcha de tu madre. Magia de mierda. Se sacó los auriculares y le dio todo. Se quedó mirándolo esperando que el tipo se levantase y se fuera… pero no. Se había puesto a mirar el iPod, a apretar los botoncitos, muy cómodo en el asiento al lado del suyo. Finalmente se lo guardó en el bolsillo, y se quedó mirando para adelante.
La verga. Encima me va a secuestrar.
El chico hizo un ademán de levantarse, pero el rrocho lo miró muy fijo a los ojos.
No. Mejor no.
Entonces, de la nada, nuestro antihéroe adolescente empezó a hablar. Y vean lo que sucedió.
Antihéroe adolescente: Eh…
Chorro: (Mirándolo fijo) ¿Sí que pasa?
AA: ¿Vos…? (Calla, mira para otro lado)
C: ¿Qué pasa nene?
AA: ¿Hasta dónde vas?
C: Ingeniero Nogués. ¿Por?
AA: No… saber.
C: Vo vas hasta Munro ¿no?
AA: ( ! ) ¿Cómo sabes?
C: Y… es que no tené pinta de ir más lejos que allá.
AA: Ah…claro… y vos… ¿vivís…ahí en Ingeniero….?
C: Nogué. Se, se, con la vieja. Aunque a vece no duermo en casa, viteh.
AA: Sí, sí... Che… te hago una pregunta… ¿Hace cuanto salís así…. viste… a robar?
C: Eh pibe, que yo no robo. A mi de vez en cuando se me ocurre pedirle prestadas las cosas a la gente. Pero eso de robar a mi no me va…
AA: Ah, claro. Y desde cuando le pedís las cosas prestadas a la gente?
C: Y mira, a ver. (Mira para arriba y empieza a contar) Cuatro año. Es una bardo, pasa que en casa no hay plata papá, vó porque so un cheto. Pero en Nogués, si tené demasiada suerte laburá de barriendo con el viejo del almacén. Sino, o salí de caño o salí como yo. Mucho má no te queda. A mi viejo lo mataron asi que qué voy a laburar yo. Por suerte no me metí con el paco, que algunos giles se re dieron vuelta la cajeta y terminaron mal. E groso eso del paco. Te pone re manija la cosa, todo salen de caño después, los ratis los cagan a tiros. Yo con los chumbos prefiero no, total, que robar no es tan jodido.
AA: No, no, es verdad.
C: Ché que hambre. Me voy a comer una hamburguesa cuando llegue…
AA: …
C: …
AA: …
C: ¿Vo tené mas cobres no?
AA: … Sí.
C: Que hijo de puta… pasá. (AA saca 22 pesos del bolsillo y se los dá) Mira vo… te hacías el piola. Tabas forrado guachín, no querías compartir.
Para ese momento, el tren llegaba a Munro. El chorro miró el cartel y le dijo, ‘che acá te bajás vo’. Cuando el chico se iba le devolvió dos pesos, porque quería asegurarse de que el chico “tuviese plata para comprarse el boleto de vuelta”. Cuando se bajaba agregó:
“Perdoná por lo del aipo. La próxima vez que te vea te lo devuelvo”.
Wednesday, September 30, 2009
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siempre fiel a los blogs
ReplyDeleteal principio senti el tipico odio que vive siempre en mi hacia esa clase de personas
despues se convirtio un poquitito en pena
despues volvio a un odio esta vez mas potenciado
negro de mierda, hay que salir calzado hoy en dia y disparar sin escrupulos
jajjajajajja
ReplyDeleteesta si que cuesta mucho creerla.
Ta muy divertida iguall
lindo armin lindo
ReplyDeletetas bn segui cn esto q me haces divertir
el pibe es un goma igual
jajajajajajajjaja jodee q paso en serio!! q odio hacia ese chorro con el ipod no se jode! y un boludo el pibe ese se hubiese hecho el dificil ni siquiera tenia chumbo!!! sos un genio escribiendo djere!! osea te salio muy bien como habla el chorro!
ReplyDeletesubi mas q me divierten!!
beso
la historia es completamente real!
ReplyDeleteyo se la conte
saludos que andes bien!
postea mas seguidoo
aiii juan pablo!!! pense que el antiheroe lograba mediante el dialogo conservar su ipod..!!!!..
ReplyDeletejajajajaja muy buena armenio! nose dnd escuchas estas historias..
love u
marmeladi
creo q estas en el top 5 de la gente mas desvirtuada q conoci en mi vida. Encima somos amigos!! jaja
ReplyDeletete quiero viejo
chee djere, si ese post de "Santiago" ahí arriba lo escribiste vos, y las historias son todas falsas, nunca me lo confieses. Cuando creo que quizás son verdad (un quizás pronunciado) las disfruto mucho más.
ReplyDeleteseguí escribiendo
jajajj juro q no
ReplyDeleteni suena a mi!
JAAAAA pobre flaco yo pense q el chorro se iba a compadecer y le devolvia el aipo...
ReplyDeletedesp un dia te cuento mi travesia con la corbella dentro del roca yendo a Avellaneda